Hipoxia intermitente como tratamiento para la obesidad

La obesidad es uno de los grandes problemas de nuestros días, debido a la vida sedentaria que en los últimos años hemos acostumbrado a llevar. Además es un factor que agrava el riesgo de padecer enfermedades como pueden ser: diabetes tipo II, episodios cardiovasculares adversos y disfunciones en el metabolismo.

Hipoxia intermitente como tratamiento para la obesidad
A parte de las dietas y el deporte que se ponen como pilares para mejorar el problema de la obesidad, en estos últimos años se ha investigado la utilización de la hipoxia intermitente para conseguir la pérdida de peso.

La hipoxia intermitente es una técnica de entrenamiento aplicada a deportistas con el objetivo de mejorar el transporte de oxígeno, y en consecuencia el rendimiento deportivo.

La técnica se basa en inhalar aire pobre en oxígeno simulando diferentes altitudes, por periodos cortos de tiempo, alternándolo con recuperaciones de aire ambiental (21% de O2), hipoxia y normoxia (cantidad normal de oxígeno). Los intervalos tienen que ser protocolizados previamente ajustándose a cada individuo, ya que cada persona tiene una tolerancia diferente a la falta de oxígeno.

La hipoxia comenzó a ser utilizada por deportistas de alto rendimiento para mantener el peso competitivo deseable, lo que llevó a preguntarse ¿por qué no funcionará con personas que padecen obesidad?
Los principios de la utilización de la hipoxia se basan en la vasodilatación periférica, lo que disminuye la presión de la sangre (uno de los problemas de las personas que sufren esta enfermedad). Además, a nivel hormonal, se incrementa la actividad de los enzimas glucolíticos, aumentando de esta forma el transporte de la glucosa. Por último, la hipoxia aumenta la serotonina lo que repercute en la bajada de los niveles de leptina, supresora del apetito.

En conclusión, podemos decir que la utilización de la hipoxia intermitente, junto con una dieta adecuada y la realización del ejercicio, puede ayudar a la pérdida de peso, superando de esta forma la “meseta o parón” de mejora que suele darse tras los seis meses de tratamiento.